Hoy salimos de noche de Quincoces. Aún no había amanecido y tuvimos que instalar las luces en las bicicletas para ser vistos y para ver.
Después de la tormenta de ayer a la tarde, los campos estaban embarrados y eso es lo peor que les puede pasar a las bicicletas. El barro se pega en los neumáticos, en los discos de freno, el los cambios y las inutiliza.
Casi todo el tiempo procurábamos rodar por las zonas de hierba para ir limpiando. Eso sí, el calzado iba como si nos metiéramos en un estanque.
Así seguimos hasta subir el alto de la Magdalena. Y bajar la impresionante calzada romana, la mayor parte con la bici en la mano por la dificultad de rodar por el imposible empedrado. Los más valientes sí que bajaron montados en la bici. Yo, imposible. Nos encontramos a varios senderistas que estaban haciendo la ruta a pié.
Así seguimos hasta Lezana de Mena, donde encontramos un bar para el primer refrigerio caliente del día. De allí seguimos a Vivanco. Ya tomamos el Camino Olvidado y lo seguimos hasta Espinosa de los Monteros. Allí nos alojamos en el Rincón de Espinosa, donde también comimos y, por cierto, muy bien. Y ya a ducharse y descansar.
Así seguimos hasta subir el alto de la Magdalena. Y bajar la impresionante calzada romana, la mayor parte con la bici en la mano por la dificultad de rodar por el imposible empedrado. Los más valientes sí que bajaron montados en la bici. Yo, imposible. Nos encontramos a varios senderistas que estaban haciendo la ruta a pié.
Así seguimos hasta Lezana de Mena, donde encontramos un bar para el primer refrigerio caliente del día. De allí seguimos a Vivanco. Ya tomamos el Camino Olvidado y lo seguimos hasta Espinosa de los Monteros. Allí nos alojamos en el Rincón de Espinosa, donde también comimos y, por cierto, muy bien. Y ya a ducharse y descansar.
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