7 de septiembre. Enseguida llegamos a Trévelez. Su paso por el pueblo es todo un experimento de esencias olfativas. ¡Trévelez huele a jamón!. Seguimos y pasamos por las poblaciones de Juviles, Cadiar y Yátor, hasta la llegada a Válor.
En ocasiones hubo que tomar la bici con las manos, pié en tierra. Las piedras sueltas eran un peligro.
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